La celulitis, entendida en el ámbito de la medicina estética, es el aspecto cutáneo noduloso y de “piel de naranja” (dermopaniculosis vasculopática), muchas veces asociado a flacidez y provocado por ciertas alteraciones del tejido celular subcutáneo.
Puede aparecer en cualquier parte del cuerpo, aunque a partir de la pubertad, es más predominante en la mitad inferior del cuerpo en el caso de las mujeres (muslos, “cartucheras”, glúteos y rodillas) y en la mitad superior en el caso de los varones (principalmente abdomen)
Existen factores predisponentes tales como sexo (más común en
mujeres que en hombres), obesidad, insuficiencia venosa o linfática o ciertas situaciones hormonales (embarazo, tratamientos anticonceptivos o antiandrogénicos, etc.)
Hay varios tipos de celulitis y a su vez varias fases diferenciadas de desarrollo en cada uno
de ellos. Por ello, su tratamiento es complejo y los resultados obtenidos estarán muy condicionados por un correcto diagnóstico del tipo de celulitis y estado de desarrollo de la misma, lo que a su vez determinará el tipo de tratamiento y técnica más eficaz.
Hoy en día existe una amplia oferta de técnicas y equipamiento para su tratamiento, en algunos casos
de dudosa o nula efectividad e incluso con importantes riesgos asociados.
Entre las técnicas avaladas por estudios clínicos rigurosos destacan las siguientes:
Mesoterapia de diferentes tipos (dependiendo de tipo y fase de la celulitis a tratar) para activar la circulación y lipólisis locales.
Radiofrecuencia para acelerar el proceso de lipólisis natural y obtener la normalización de la piel en la zona afectada (normalización de “piel de naranja” y efecto tensor y reafirmante)
Medidas higiénico-dietéticas con un adecuado control nutricional e incremento de la actividad física.